Las fiestas para quinceañeras tienen su origen en rituales indigenas -Aztecas o Mayas- con los ritos de pubertad, la entrada a la vida adulta y la aceptación de responsabilidad. Al hacer falta guerreros en la tribu y la obvia necesidad de crecimiento de la misma tribu, los padres aprovechaban la primera menstruación de sus hijas para ofrecerlas en un baile. La fecha de menstruación coincidía con la de los quince, (hoy día es a una edad mucho más temprana) y era la señal de que ya podían quedar enbarazadas. El baile era pues, para mostrarlas a los futuros pretendientes y que alguien las escogiera prontamente como compañeras y siguieran el curso natural de la familia.
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