El término ramera para designar una prostituta proviene del uso de flores frescas en las puertas de las cortesanas libres, costumbre que adquirieron para que los clientes supieran donde vivían, ya que de esa manera escapaban a los altos impuestos de los proxenetas.
Indudablemente no es un insulto, es un ejemplo de rebeldía contra la tiranía, así que llamenme ramero.
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