Los griegos poseían entre sus tonos consideraciones análogas a sus sonidos así: Jónico (afeminado), Dórico (varonil), Frigio (vehemente), Lidio (lúgubre), Mixolidio (juvenil), Eólico (melancólico) y Locrio (inestable. Nada raro es que, Platón, luego de haber condenado la cítara y haberla proscripto por parecerle símbolo del esplendor y lujo asiático, haya condenado también los tonos Lidio y Jónico.
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