Durante varios siglos en Europa se padeció la manía de las víboras. Atribuíanse milagroso poderes curativos, no sólo a las víboras, sino también al "bálsamo teriacal" que se obtenía de ellas. Este bálsamo se vendía en pequeñas tortas redondas llamadas "trochisci", de ahí el nombre de troquista, que luego fue "droguista".
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