D. Morris afirma que la típica señal romana para perdonar la vida, era el pulgar escondido y no levantado, que luego se convertiría en el "ok" en algunas partes, ya que desde la postura del matador ─en la arena─ no era posible ver el dedo levantado. Para él, muerte es el pulgar abajo o enterrado en el cuerpo.
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